
En periodo tal dificil como el siglo pasado, la abadesa de la comunidad monástica Pilar Oña, funda este colegio.
En 1894, la citada abadesa, inaugura el colegio, como centro educativo oficial dedicado a la enseñanza de niñas.
En ese mismo año, la madre Sagrario Martín Quijada, pone un internado para que al colegio puedan asistir alumnas de los pueblos de alrededor de Valladolid.
La dedicación de la comunidad a las tareas del mismo, lejos de oponerse a la esencia monástica cisterciense, se convierte en un auténtico servicio a la Iglesia, cuando el colegio se levanta en un barrio, cuyos habitantes podían cosiderarse por entonces de clase media.
Así, el carisma monástico viene a manifestarse con una eficaz proyección social.
En la actualidad, la participación de la comunidad en el sostenimiento del centro, sigue siendo fundamental, a pesar de que la mayor parte del profesorado sea seglar.
La Hermandad Laica Cisterciense a la que pertenecen todos los profesores del centro y personas que trabajan en él, han hecho revivir la institución y dar vida a nuevos proyectos.